La astrología que da raíz al 2026

Ene 21, 2026 | Astrología, Clima energético

La marca de entrada

 

En este artículo doy voz a los eventos astrológicos que no solo han marcado la entrada al año gregoriano sino que, también, funcionarán como telón de fondo de lo que caminaremos durante los meses venideros. En particular, nos centraremos en la astrología de Venus, Marte y su danza astronómica con el Sol.

Al final tendrás acceso a un horóscopo para alinearte con el compromiso que nos sembró este enero y que estará vigente hasta el cierre del ciclo de Marte, en marzo del 2028.

 

La triple conjunción | Nos ubicamos

 

Enero comenzó con tres conjunciones importantes:

  • 6 de enero | Venus se unió al Sol a 16º22 de Capricornio 
    Mitad de ciclo | Semilla del Ascenso en el ciclo sinódico de Venus*Aries
  • 8 de enero | Venus se une a Marte a 18º09 de Capricornio 
    Unión de los Amantes Cósmicos | Se establece una colaboración realista, constructiva, entre deseo y acción, valor y concreción.
  • 9 de enero | Marte se une al Sol a 19º12 de Capricornio
    Inicio de ciclo | Marte recibe la impronta solar que le guiará por un largo proceso de construcción durante los próximos 2 años.

Cada una de estas conjunciones, acogidas por el signo de Capricornio, nos cuenta una historia y, en conjunto, nos hablan de un momento delicado en los ciclos de Venus y Marte.

Considero importante que tomemos el tiempo para comprender la magnitud de estos eventos porque, en cuestión de días, el clima energético cambia: el cielo se tiñe de Acuario y nuestras ganas de lanzarnos a lo nuevo pueden opacar el precioso y necesario anclaje que nos ha traído enero.

De ahora en adelante, es nuestra responsabilidad cuidar este anclaje y la raíz que nos ofrece para los inevitables vuelos que vendrán.

 

El Inframundo de Venus | La semilla del Ascenso

(Esto es un fragmento de lo que comparto en la página del ciclaje de Venus. Te invito a leerlo completo aquí.)

El 6 de enero, tras largos meses alejándose de la Tierra, Venus se unió al Sol a 16º22 de Capricornio. Este encuentro marcó el punto medio de su ciclo de 19 meses: el Inframundo, que es la fase en la que agendamos tiempo de descanso y restauración.

Ha sucedido (y continúa en marcha) un proceso invisible de reparación en lo más crudo de nosotr*s. Esta es la marca del mes de enero: un contacto silencioso con nuestra realidad íntima y la invitación a comprometernos con cuidarla como nunca antes, con madurez, en alianza con el tiempo. Esta es la base de lo que construiremos en los meses venideros.

En las sesiones 1:1 tengo el honor de registrar a tiempo real cómo mis consultantes y ciclantes están en contacto en este momento con capas muy sutiles que atraviesan de pleno la manera en la que construyen la relación consigo mism*s y sus intercambios (asuntos de Venus).

La sutileza de la revelación en ciernes es tal que solo quienes han encontrado «cómo abrir el oído» (permanecer en contacto sentido) pueden llegar a registrar la importancia de lo que está en juego, aunque aún no haya palabras para explicarlo.

El punto medio del ciclo de Venus nos permite acceder cíclicamente a nuestra dimensión más esencial, más valiosa, y también, por alguno de sus bordes, a la herida de desvalorización o desamor primaria… para atenderla.

Y como este ciclo de Venus inició en el signo de Aries, allá por marzo del 2025, esa herida condiciona:

  • La manera en la que nos autoafirmamos (o no)
  • La relación con nuestra vitalidad
  • La sabiduría con la que elegimos nuestra batallas
  • El permiso que nos damos (o no) para elegir y jugar con coraje nuestro deseo y nuestra diferencia
  • La salud con la que gestionamos la ira, tanto la propia como la ajena, y nuestros límites
  • La reciprocidad real de nuestros intercambios energéticos, materiales y espirituales

Cuidar este momento, en el sentido de reservar tiempo, silencio y permiso para descansar y recibir la cura, es vital para que podamos acompañar con plenitud el proceso de florecimiento que propone la segunda parte del ciclo de Venus, que se extenderá de aquí hasta octubre.

 

¿Por qué florecimiento? 

 

Porque una vez hemos tomado contacto sentido, somático, con algún aspecto de nuestro valor esencial y/o de la herida de desvalorización, ya no hay vuelta atrás.

La metáfora del Inframundo es muy útil, pues no hay mito en el que este paisaje arquetípico de la psiquis humana no se tiña de la ley del «no retorno», es decir, que el Inframundo funciona como un umbral iniciático: quien lo cruza queda sujeto a una ley irreversible de transformación.

Quien desciende al Gran Abajo jamás puede regresar igual.

Así sucedió para la diosa sumeria Inanna (nuestra principal guía en los caminos de Venus), para Kore/Perséfone, Osiris, Orfeo, Quetzalcóatl… El descenso implica un pago y ese coste tiene que ver con acompañar a morir alguna dimensión de lo que somos.

En el caso de la conjunción exterior entre Venus y el Sol, que sucede cada 19 meses, lo que muere es alguna forma de desvalorización o desamor hacia nosotr*s mism*s. Esto es así porque este momento del ciclo de Venus simboliza el momento en el que, despojad*s, nos presentamos en completa desnudez ante el Sol, que nos alumbra enteramente, recordándonos cuál es nuestro valor íntimo y sembrándonos del compromiso de protegerlo, celebrarlo y construir formas de vida y vinculación que lo honren.

¿Podemos notar cuánto duelo trae este alumbramiento?
¿Cuánta vulnerabilidad implica vernos así, en semejante desnudez?
¿Cuánta fortaleza y valentía hacen falta, al mismo tiempo, para vernos en nuestro valor esencial y en las heridas y programas que lo cercenan?

¿Cuánto es este contacto una suerte de cosecha?

Esta es una Visión muy íntima y precisa ser sostenida en el tiempo. El tiempo necesario para reaprender a caminar con mayor orden (coherencia, soberanía e integridad), más cerca de los valores de Venus.

Por eso el inicio del 2026 pide lentitud y encuadres propicios que nos acompañen a sostener la Visión el resto del año, a no dejar que se pierda en el imperio de la velocidad, del productivismo y lo irrelevante. 

El comienzo del mes de enero acompaña esta lentitud, a partir de la próxima semana el clima se acelera y requiere que sepamos mantener el foco.

***

Si de algo nos hablan los ciclos es de que el tiempo de lo vivo es tiempo de proceso. La segunda parte del ciclo de Venus propone un PROCESO por el que, paulatinamente, vamos recibiéndonos de una manera más amorosa, con mayor ancla en nuestro valor íntimo.

 

¿Se te ocurre cuál puede ser el impacto de esto?

 

Mes a mes, recibirnos en mayor integridad conllevará que las condiciones de nuestros intercambios cambien.
Lo que antes permitíamos, se va volviendo innegociable.
Se mueven los límites.
Caen modelos.

En una nueva vuelta de la espiral, se transforman conductas y actitudes.
Fortalecemos nuestra escucha somática, la guía del cuerpo.
Damos jaque a estrategias de desvalorización que conocemos bien:
complacencia, reactividad, sobreactividad, descuido corporal, hiperacionalización,
control, victimización, alienación, exigencia, hacernos sangre a nosotr*s mism*s.

Mutan nuestras formas de participar, de gestionar nuestro tiempo y energía.
Reformulamos nuestro manejo de recursos y dinero.
Dejamos de nutrir ciertas dinámicas relacionales para alimentar otras más recíprocas.
Nos descubrimos en diálogos internos más amables.
Vemos crecer nuestra sensación de agencia y soberanía.
Rescatamos una vivencia más orgánica del tiempo.
Respetamos más nuestro ritmo, nuestro deseo, nuestro corazón.

 

El tesoro del Inframundo requiere de nuestra ferocidad: de nuestra habilidad para confiar en ello, para cuidarlo como un Buen Fuego, para protegerlo y defenderlo con naturalidad y, sobre todo, para cultivar la paciencia necesaria como para ir comprendiendo de a poco hacia qué nuevo escenario estamos siendo guiad*s.

Por eso, para mí acompañar la segunda parte del ciclo de Venus requiere de gran delicadeza y de un recordatorio continuo:

no abortes misión, no mires atrás, confía y continúa.

Y para que este recordatorio se vuelva cuerpo y florezca, necesitamos de buenas alianzas, porque si en algo consiste fortalecer la conexión con nuestro valor esencial y reparar la herida del desamor es en devolvernos al seno de la relación como base de nuestra existencia. Somos vínculo. Somos trama.

Esa es la guía de Venus: la que nos rescata del individualismo y del desamparo civilizatorio para devolvernos a casa, a la apertura a amar y ser amad*s y a una forma de concebir y vivenciar el tiempo en la que quepamos enteramente, sin condiciones.

Esto es lo que me comprometo a cuidar de aquí a septiembre a través del «Ascenso del Buen Fuego». Si sientes el llamado de mi alianza, aquí estaré para recibirte. Si no, busca la tuya. Alíate.

 

Un nuevo ciclo sinódico de Marte

 

En lo relativo a Marte, su conjunción con el Sol inaugura un nuevo ciclo sinódico que se extenderá hasta marzo del 2028.

Desde que iniciara su anterior ciclo en Escorpio, en noviembre del 2023, hemos sensibilizado nuestra manera de actuar y nos hemos vuelto más tolerantes a permanecer en contacto con lo incómodo. Hemos aprendido a reaccionar menos o, por lo menos, a identificar la reacción cuando nos toma.

Sobre este aprendizaje emocional, su unión con el Sol en Capricornio el día 9 de enero nos sembró de una semilla que tiene que ver con el compromiso con el arte y la artesanía de la manifestación.

Este ciclo de Marte nos mueve a actuar de manera concreta, a construir y poner manos a la obra de una manera mucha más enraizada y madura de lo que supimos hasta ahora, en alianza con el principio de realidad.

La base de este aprendizaje de dos años está en responder siempre a Venus, en el sentido de volver a conectar una y otra vez con la motivación y los valores (Venus) en los que enraíza nuestra acción y capacidad electiva (Marte). De ahí la importancia de mantenernos en conexión con la danza de Venus en el cielo y con la guía que nos va mostrando.

Mi lectura es que, a medida que el ciclo de Marte avance, iremos desaguando y purgando grandes dosis de sacrificio, imperativo, exigencia y modelo anquilosado.

Nos iremos encontrando con la libertad que significa comprometerse con la ética íntima, profunda, que sustenta nuestro pasaje por esta Tierra. Una ética que no tiene que ver con herencias ni programaciones ideológicas, sino con el sentido que surge cuando nos alineamos con nuestra función personal y nuestro gozo (Venus) en el ecosistema de lo Vivo.

En los próximos dos años veremos cómo somos capaces de reconstruir estructuras cotidianas al servicio del tiempo orgánico, de lo que pide cuidado real y de formas más sobrias, sostenibles y plenas de habitar este planeta.

Jaque mate a las formas en las que nos excedemos,
nos come la ambición o la sed de reconocimiento.
Jaque mate a formas de acción que ocultan mecanismos de control basados en el miedo.

Se trata de un proceso silencioso: en Capricornio, la ostentación no tiene cabida. El éxito se mide de acuerdo a nuestro grado de aceptación de la realidad y nuestra habilidad para, entonces, cooperar con ella.

La impronta de este mes de enero, enraizada en esta triple conjunción en Capricornio, nos ofrece un marco claro…

Que cualquier proceso o proyecto que emprendas este año tenga raíz.
Que tu propósito esté inspirado por los valores del tiempo, el proceso, la sostenibilidad y la durabilidad.
Y que el impulso, el atrevimiento, el disfrute, las ganas y el coraje estén al servicio de tu persistencia en un camino de crecimiento (y decrecimiento) cíclico, paulatino y jamás exponencial.

Transcribo, para ir cerrando esta lectura de lo que viene abriendo enero, unas palabras que compartió mi colega astróloga Gi Juliano hace poco sobre la ética:

«La dimensión ética del desarrollo espiritual reside en la capacidad efectiva de responder por sus efectos en el mundo y en la vida común, comprendiendo sus límites y alcances.»

No en evadirnos. No en seguir actuando en automático o replicando formas de vida en las que no cabemos, siempre a merced de la prisa, la productividad y la falta de digestión. No en la autoexigencia ni en perpetuar cargas que no nos corresponden. No en dejar de obviar nuestra tremenda necesidad de descanso real. No en la omisión del límite.

Sí eligiendo y actuando cada día con mayor madurez.

 

La danza de Venus y Marte

 

Entre el punto medio del ciclo de Venus y el inicio del nuevo ciclo de Marte, el pasado 8 de enero ambos planetas se unieron entre sí.

Esta unión nos habla de un ciclo de año y medio de colaboración. Deseo y Acción cooperan con madurez. Apertura y capacidad de concreción. Sentido y movimiento. Ética y manifestación.

¿Podemos ahora comprender por qué esta triple conjunción tonaliza lo que caminaremos los próximos meses? ¿Por qué sentarnos a paladear lo que se ha movido íntimamente en las pasadas semanas y comprometernos nos ordenará en relación a los desafíos y oportunidades que traiga el 2026? ¿Cuál es mi intención compartiendo un horóscopo para ubicar en nuestra propia carta esta triple semilla?

Bajo mi perspectiva, y cierro con esto, de aquí en adelante amerita cultivar paciencia y recordar que el camino de la construcción implica no colapsar ante la frustración, acompañarnos con amabilidad en el no saber cómo (otra de las grandes marcas de este 2026, cortesía del ingreso de Saturno y Neptuno en Aries, a lo que ya daré voz más adelante) y, no menos importante, persistir sin forzar, a la escucha de lo que sí está sucediendo, que es muy distinto a lo que nos gustaría que sucediese o a lo que ya sucedió antes.

Aquí la inteligencia es rítmica y los ciclos, el apoyo que necesitamos para no abandonar antes de tiempo y ubicarnos continuamente en una forma de temporalidad que experimentemos como alianza y no como presión.

Deseo que tus semillas germinen con fuerza y que te dejes encontrar por las alianzas propicias mientras construyes un 2026 a la medida de tu corazón.

Te dejo con el horóscopo.

Gracias por llegar hasta aquí.