La voz del Medio Cielo (Medium Coeli)

Oct 1, 2023 | Astrología, Posicionamientos celestes

Una voz que se alza donde nadie más alcanza

En el punto álgido del mediodía, cuando el Sol se opone al suelo de nuestras cabezas, encontramos el Medio Cielo (Medium Coeli o MC). Casa X, cumbre desde la que se divisa el impacto de lo que podemos sobre esta Tierra. Propósito, profesión, función, reconocimiento, todas palabras atribuidas al punto más solar de nuestro código natal.

 

Jonathan Borda

 

Lo visible se teje en lo invisible. 

La polaridad que el Medio Cielo constituye la complementa, del otro lado, el Fondo del Cielo, asociado a la casa IV o, dicho en otras palabras: la potencia que somos capaces de desplegar en el mundo (MC) depende de nuestra intimidad con la cueva, la raíz y los procesos cíclicos de descenso (IC).

Solo quien desciende hacia la base de sí mismx reconoce qué valor esencial puede poner en circulación y compartir con sus congéneres y, más allá, qué de lo propio ha sido convocado a participar activamente del proceso evolutivo global. Sin descenso, el Medio Cielo se transforma en el escenario de nuestras ambiciones, imposiciones o automatismos, una experiencia de esclavitud o de diaria frustración, una demostración continua de lo lejos que estamos de jugarnos en el mundo con libertad, impacto creativo y gozo.

 

Indicativos para despertar al Medio Cielo

Tanto el planeta tradicional regente del Medio Cielo como el elemento y las cualidades del signo que vive en su cúspide nos ofrecen pistas generosas sobre las cumbres de nuestra función ecosistémica. ¿Dar voz, erguirnos pioneras y pioneros de nuestros campos de exploración, usar las manos, abrir quirúrgicamente la psique colectiva, trazar puentes…?

* ¿Qué paisajes te evoca el elemento del signo de tu Medio Cielo?
* Y sus cualidades o su modalidad (cardinal, fijo, mutable), ¿a qué gestos te arroja?

La exploración creativa o imaginal es una de las vías más efectivas de encuentro con nuestro Medio Cielo natal porque aquello que podemos alcanzar (y por lo que vamos asentando un lugar en el entramado social) se va desplegando orgánicamente a medida que lo atendemos y nos comprometemos con acompañarnos en integridad. La creatividad y la imaginación al servicio de este despliegue van trayendo a la superficie las claves que precisamos para dar pasos firmes en dirección de lo que podemos ofrendar, de la ofrenda que somos.
Nada más práctico que entrar en contacto con imágenes y sensaciones que nos acercan a aquello que, cuando lo compartimos, se siente honesto y resonante. Nada más práctico que abrir espacio interno al permiso de ser quienes somos y generar impacto desde ahí.

 

El planeta regente del Medio Cielo

Es el actor principal − y guía − al que queremos abrir el oído. Él contiene las claves de una actuación acorde a la naturaleza de nuestro Medio Cielo.
Desde el punto de vista interpretativo y desde la mirada de la astrología tradicional, nos interesa atender la dignidad de este planeta: ¿está domiciliado o en caída? ¿Se encuentra en la casa de su regocijo o en un posicionamiento que limita su expresión? ¿Con qué aliados cuenta? ¿Con qué desafíos?

Desde el punto de vista de la astrología con enfoque corporal/somático y astronómico, lo que nos interesa es ciclar de la mano de este planeta. Esta es una vía vivencial, que excede la mera interpretación y nos abre a uno de los procesos más transformadores que podemos emprender con el apoyo del lenguaje astrológico: la relación directa con las fuerzas planetarias.

 

¿Qué significa ciclar junto a un planeta?

Ante todo, elegir entablar un vínculo afectivo con él. Considerarlo un posible aliado y, consecuentemente, entregarse al noble y paulatino arte de fraguar tal alianza. Ciclar nos confronta con el hecho de que conocer la naturaleza de este planeta (y, simultáneamente, la manera en que su voz se expresa a través de nuestra singularidad) requiere tiempo.
Nos atenemos al principio de correspondencia base de la práctica astrológica: hacernos aliados de una fuerza planetaria es también aliarnos de a poco con la función psíquica y somática de la que es significador, así como con la dimensión experiencial y simbólica que habilita en nuestras vidas.

Un símbolo es una ventana a través de la que se traslucen diversas dimensiones de lo que somos. Una llave. Un puente de acceso. Allá donde la percepción humana es magnetizada se abre un horizonte de nuevas relaciones. Nos sensibilizamos a aquello que elegimos cuidar y atender. Y la sensibilidad es una experiencia relacional: en tanto me sensibilizo a aquello que cuido, aquello que cuido se sensibiliza a mi cuidado.

 

¿Puede un planeta del Sistema Solar sensibilizarse a nuestro deseo de entablar un vínculo con él?

La respuesta a esta pregunta depende de lo que queramos aceptar como respuesta. En mi práctica astrológica y en mi manera de caminar elijo el desarrollo de la imaginación creadora como parte de los recursos que propician en mí un estado de regulación e integridad íntima y relacional. Somáticamente, elijo escuchar las sensaciones que derivan de nutrir la relación directa con cuerpos humanos y cuerpos no humanos. Elijo, en definitiva, acoger el hecho de que la Vida pulsa en todo lo que me rodea y que lo que soy tiene la habilidad natural para resonar, en la medida de mis posibilidades, con cada fragmento de lo que es.

En cualquier caso, sea cual fuere la respuesta que quieras aceptar, mi invitación siempre es la misma: abre la pregunta y regálate un tiempo demorado, propicio, fecundo, antes de lanzarte a responderla.

Ciclar junto a un planeta del Sistema Solar significa, a efectos prácticos, acompañar su ciclo astronómico, preferentemente su ciclo sinódico (el tiempo que demora en aparecer en el mismo punto del cielo respecto al Sol cuando se observa desde la Tierra). Significa abrirle el oído somático y, también, el psíquico. Contemplar el ritmo de su traslación, la dinámica con la que se encuentra con otros planetas, avistarlo en los momentos del ciclo en que puede ser observado en el cielo del amanecer o en el cielo nocturno. Dejarse embargar por las narraciones míticas, históricas y simbólicas que se deslizan a través de su estela. Y significa, sobre todo, sorprenderse por la anchura inenarrable de nuestra capacidad de amar y ser amadxs.

He sido tan radicalmente transformada por esta manera de practicar astrología que, como astróloga y educadora somática Body-Mind Centering®, solo puedo prodigarla. No es necesario saber demasiado ni conocer todos los entresijos de un ciclo planetario para ciclarlo. Basta elegir, como decía antes, nutrir la relación directa y no querer responder nuestros más esenciales interrogantes prematuramente.

 

Preguntas para comenzar a ciclar
  • ¿Cuál es el planeta regente de tu Medio Cielo (MC)?
  • ¿Qué cualidades astronómicas tiene asociadas? ¿Qué posición ocupa con respecto del Sol? ¿Cuándo puedes avistarlo directamente?
  • A medida que lo avistas en las diferentes fases de su ciclo, ¿qué sientes? ¿Qué está en juego en cada etapa? ¿Qué desafíos se presentan? ¿Y qué recursos?
  • ¿Durante cuánto tiempo te comprometes a escucharlo?

Mi recomendación es ciclar con los planetas tradicionales, los más cercanos a la intimidad del Sol, tal como hacemos en los ciclajes de Venus y de Marte a través de este proyecto, al menos por 6 lunas, desde la Luna nueva en un signo hasta la Luna llena en el mismo signo 6 meses después.
El diálogo con los planetas transpersonales nos pide otras estrategias y tributos, pues no solo no resultan visibles a simple vista sino que, de tan lejanos y lentos, plantean tesituras que exceden nuestra competencia personal y nos confrontan con experiencias para las que realmente habremos primero de haber madurado los principios relativos a los planetas más cercanos como la regulación emocional (Luna), la capacidad de mantenernos en apertura (Venus), la asertividad (Marte), el autosostén (Saturno) etc.

 

Ritualística vincular

Ciclar en colectivo amplifica la fuerza de esta práctica, que es una ritualística inherente a lo humano. Siempre nos reunimos en torno a las luces del cielo y, aún hoy, nos es vital atravesar el velo de la contaminación lumínica (el velo tecnológico) para presentarnos. Nos es vital recordar nuestro tamaño real en comparación con la magnitud de la Galaxia y encontrar soporte y acomodo en su danza colosal.

Así, ante tu deseo de indagar con mayor profundidad en tu función social, tu labor vocacional, tu servicio y todas aquellas palabras que cazan con el punto más alto de tu código natal, mediodía de la consciencia; préñate de paciencia y abre tu oído a las voces planetarias que muestran el camino día a día, contoneándose en el cielo visible, reflejando a través de sus cuerpos la luz coherentizadora e integradora del astro rey.

Cicla al guía que descansa en las cumbres de tu Medio Cielo. Ríndele tributo. Escucha su voz.

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