Los nodos de la Luna

Jul 10, 2023 | Astrología, Cuerpos celestes

¿Hablar de los nodos o dejarse tocar por ellos?

 

Una primera toma de contacto

Construimos el significado de las cosas hasta que nos topamos de frente con la experiencia en la que tales cosas nos atraviesan y revelan su significado somático: aquel que rebosa de nuestras células siendo tocadas por algo más que un hilo de pensamiento, siendo tocadas por la crudeza de la vida misma.

Mucho se dice en torno a los nodos de la Luna, puntos matemáticos entre la eclíptica (o ruta por la que transita el Sol desde la perspectiva de la Tierra) y la órbita lunar. Exactos puntos en los que suceden los eclipses y que avanzan en movimiento retrógrado recorriendo toda la Rueda Zodiacal en 18 años y medio… Pero lo que se dice, ¿nos toca verdaderamente? ¿Nos permite entrar en contacto con lo que simbolizan? ¿Nos cambia?

La física de los nodos avanza hacia atrás y, como decíamos, son el resultado de la intersección del movimiento del Sol y la Luna desde la perspectiva de la Tierra. Esto nos permite ya entrever que su significado atravesando nuestro cuerpo no puede expresarse sino como una síntesis de la relación entre la luz y la oscuridad en el seno de lo que somos.

 

 

El cuerpo de los nodos de la Luna, insisto, es intangible, una mera apreciación matemática que, sin embargo, genera un efecto colosal que cambia la dinámica cotidiana de todo el reino animal y vegetal: un eclipse.
Ante los eclipses, los animales se aquietan. Se dejan interceptar por ese algo indecible que pasa cuando nos damos cuenta de manera física que la luz y la oscuridad son agentes que danzan en sincronía, uno abriendo camino a la otra, la otra cediendo espacio al uno.

Este artículo nace para compartir el producto de haber profundizado en la dinámica nodal en un grupo de trabajo personal entre astrólogues con el que venimos, de mano de la astróloga argentina Silvia Neira, trabajando hace un año y medio.

Como decía al inicio, hace falta ser atropelladas por la experiencia directa para que el significado de las cosas se vuelva sustancioso y no una mera réplica de conocimiento.

Hace años que practico astrología y que recibo a personas de toda índole en consulta, y hace años que hablo acerca de los nodos en las lecturas astrológicas. A veces le dedicamos más tiempo, a veces menos; pero gracias a lo que experimenté recientemente pude darme cuenta de lo poco o nada que se tocan los nodos de la Luna cuando se habla de ellos.

Me refiero a que hablar de los nodos difícilmente dinamiza aquello que los nodos simbolizan en nuestra experiencia cotidiana.

 

¿Y qué simbolizan los nodos lunares: Nodo Norte y Nodo Sur?

Tal vez ese lugar sin cuerpo, pero matriz, sin embargo, de lo que nos guía inconscientemente y, a la vez, nos propone un nuevo rumbo que rompa con las viejas inercias.

El Nodo Sur, Cola de Dragón (Cauda Draconis), vocifera con ruidos imperceptibles por la consciencia. Un ruido blanco que todo lo impregna. Su funcionamiento es transversal a todo lo que vivimos. Es ese conocido incómodo o ese lugar familiar donde nos atoramos. Es la naturalización de tendencias que no registramos y que, cuando se tocan, tambalean todos los pilares sobre los que nos construimos. Por eso insisto en que difícilmente hablar de los nodos tocará la inmensidad que los nodos simbolizan porque nadie se deja mover del territorio donde fundó su casa si no es a causa de un huracán, un tsunami o un hambre atroz de alma.

¿Y en qué se parece esta casa construida sobre nuestras tendencias inconscientes, rastros de movimiento que nos trascienden y viajan transgeneracionalmente, de la casa que podemos edificar para nuestro ser?

En que, quizás, la casa del ser abre las ventanas a la luz del Nodo Norte, esa linterna, Cabeza de Dragón (Caput Draconis), que propone un sueño distinto para nuestra vida que, probablemente, ni siquiera se nos hubiera ocurrido que quisiéramos encarnar.

Un desconocido posibilitador, una danza incómoda y, al mismo tiempo, llena de nutrientes; una escucha de eso que somos convocadas a desplegar a pesar nuestras más férreas resistencias.

 

Profundizando en el contacto nodal

¿Cómo entrar en contacto con las tendencias de los nodos? ¿Cómo dinamizar un mínimo de lo que representan?

Como síntesis de la carta, los nodos no funcionan aislados, como, en realidad, nada lo hace. La práctica astrológica nos abre a la consciencia sistémica en la que la parte vitaliza al todo y el todo a la parte. La parte diseccionada del todo es tan estéril como un brazo diseccionado del cuerpo al que pertenece.
De manera que para tocar a los nodos tenemos que ir muy despacio, introducirnos en nuestros vericuetos y escoger la vía de la profundización en nuestro misterio, con sus miserias y sus fortunas. Acceder desde el cuerpo para que el cuerpo los revele.

 

  • El signo del Nodo Sur

El signo de nuestro Nodo Sur hace de suelo para la casita de nuestra identidad. Y recuerda que es un suelo estéril. Por eso, tomamos la expresión menos evolutiva del signo en cuestión.

Si es Aries, nos vamos a la violencia o a la unidireccionalidad sin registro de nada ni nadie.
Si es Tauro, tomamos el acúmulo y la fijeza que impide cualquier tipo de circulación.
Si es Géminis, asumimos la dispersión y la mutabilidad mental, inmadura para sostener un foco.
Si es Cáncer, hablamos de la forma más regresiva de dependencia.

 

  • La casa del Nodo Sur

La casa astrológica en la que vive nuestro Nodo Sur trae la clave acerca de la forma en que el signo expresa su tendencia.

En la casa 1, el suelo de nuestra casa se quedará pegada a lo propio.
En la casa 2, el suelo de nuestra casa se fundará sobre una necesidad desfigurada de seguridad y control material.
En la casa 4, la casa será una cueva que no registramos. Una cueva insalvable.
En la casa 11, nos habremos construido para una colectividad en la que no cabrá jamás lo propio.

Y así es que el destino, en su generosidad de vivencias y desencuentros, irá abriendo grietas para quien se deje tocar en lo intocable, de manera que algún hilo de lo invisible salga a la superficie y podamos tirar de él.

Dinamizar el Nodo Sur es darnos cuenta de cómo hay, precisamente, hilos que articulan nuestras reacciones y aparentes respuestas. Notar cómo esos hilos operan en el cuerpo como una fascia hecha de filamentos ancestrales.

 

Algunos ejemplos

Para un nativo con el Nodo Sur en Escorpio en casa I, por ejemplo, los hilos funcionan como una tendencia total a menguar de todo lo que implique encuentro. Este nativo se las busca e ingenia para retirarse y negarse a sí, para condenarse a las temáticas escorpianas por antonomasia: la ocultación y la pérdida. Mas mis palabras hoy no buscan encerrar al nativo en sus sortilegios nodales, sino develarlo.

Como síntesis de nuestro código y producto de una relación (la intersección de los movimientos del Sol, la Luna y la Tierra), los nodos nos muestran que somos justamente como ellos: un peregrinaje vivo de lo que nos precedió y un cuerpo naturalmente direccionado hacia la nueva vida.
Las tendencias que nos construyen son vectores que algún día emergieron de la vida. Tienen memoria y restos de frutos antiguos, atávicos. Tienen la mirada fija en algún lugar y sirven a algún propósito.

Solo desde la plenitud de ser quienes somos ahora, con todo lo vivido y lo dolido, solo desde esta celebración de ser quien acoge los tres tiempos − pasado, presente y futuro −, podamos apreciar en nuestras tendencias partes de lo que somos que, en cuanto reconocidas, nos vitalizan, ofreciéndonos el combustible que precisamos para encaminarnos hacia el mañana posible. Dándonos las claves para habitarnos en integridad.

Aquel nativo de Nodo Sur en Escorpio en la casa 1 desde su yo presente de 40 años mira a su amada, que respira desde su casa 7. Esa mujer que es la experiencia que desde su Nodo Norte en Tauro en la casa 7 le mira para que se pregunte de qué le sirve seguir viviendo en una casa construida solo para él y para nadie más que él, si lo que su corazón anhela es compartir con ella la espaciosidad de su alma.
Aquel nativo se resiste a ofrecer su sustancia al encuentro. No sabe cómo se hace. Pero si a estas alturas algo puedo asegurar es que el corazón no necesita saber para amar, sino que, más bien, despliega su sabiduría en cuanto ama.
Así es que el nativo asume las grietas de sí mismo y, con el apoyo más o menos benevolente de ciertos tránsitos a sus nodos, se entrega a la noble tarea de no saber cómo amar, pero amar en cualquier caso.

Otra nativa de Nodo Sur en casa 10 en Leo se embaraza. Su identidad, que se había configurado para quedar expuesta al mundo sin un atisbo de descanso, siempre afuera y siempre más, totalmente hecha para la mirada ajena y el logro, se agrieta por el embrión que su propio útero gesta.
Este es un ejemplo precioso de cómo la grieta que nos rompe es, en realidad, una emergencia natural de aquello que también somos y que todavía no cupo o no fue celebrado por la consciencia.

El embrión nadando en su matriz y pisándole desde adentro con sus piececitos es la experiencia de Nodo Norte en Acuario en casa IV que detona todas sus resistencias a entregarse a una trama mayor, a descansar de poner la cara y dejar de gastarla a toda costa para sentir, no sin incomodidad − con todo lo incómodo que es algo que nos transforma −; para sentir, como decía, mientras respira mirando por la ventana de su casa que, tal vez, para pertenecer no haga falta otra cosa que respirar.
Y la nativa entonces se relaja, su útero envuelve en un silencio sin logro ni gloria a su bebé y algo en su sistema se entrega a la intimidad de su nueva maternidad.

Y en ninguna de estas historias hay perdices. Nadie se las come, porque los nodos de la Luna hacen referencia a una dinámica natural de resistencia y tironeo, de tendencia y emergencia creativa, de lealtad inconsciente y despliegue del ser, de atrapamiento y circulación.

Consiga o no hoy acariciarte por debajo de los nodos, la verdad es que la única manera de presentarse a esta dinámica de luces y sombras es comprometiéndose con la integridad de lo que se es. Algo que es un misterio y que siempre me ha llamado la atención.

 

Abordar los nodos desde el enfoque corporal

¿Qué hace que alguien se comprometa con eso que es y va más allá de lo que piensa que es?
¿Qué hace que alguien escoja la vía del descenso, del despojamiento y de la interpelación de sus tendencias más soterradas y acérrimas?
¿Qué nos hace volvernos sensibles a la belleza del misterio que somos y nos convierte en sus más devotas cuidadoras y cuidadores?

No lo sé en absoluto. Esto no es algo que se pueda ver en un código natal. Es un misterio, un precioso milagro que, a veces, y solo a veces, sucede a través de un cuerpo. Así que cuando mires tu Nodo Sur, ábrete a la contemplación de lo que te configura desde antes de decir “yo” y, a sabiendas de que forma parte indisociable de lo que eres, dite a ti misma, a ti mismo: ¡Yo no soy solo esto!

Y deja que las sensaciones corporales te vayan guiando hacia lo que tu intuición sabe que te llama y mucho de ti se resiste a escuchar. Entonces, en el vacío del no saber y en la aventura de ir sabiendo, dale la bienvenida a tu resistencia como una aliada a conocer eso que también eres y está continuamente emergiendo del corazón de tu misterio. Eso que cíclicamente puedes conocer. Eso de lo que cíclicamente te escondes.

Y si te gusta ciclar de la mano de Venus, por ejemplo, o del ciclo lunisolar, puedes presentarte ante el cielo con los pies en Tierra y levantar como un rezo tu deseo de volverte peregrino o peregrina de la dirección a la que te convoca tu eje nodal.

Y puedes sentarte sobre ti misma, sobre ti mismo,
y darte cuenta de que el despliegue evolutivo es una artesanía cotidiana,
un arte que se abre cuando estamos al acecho
y cuando nos entregamos a la práctica.
Y si, como dice el Dzogchen, en algún momento te das cuenta
de que te has distraído, sencillamente vuelve a prestar atención.

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