Luna en Capricornio

Jul 22, 2024 | Astrología, Posicionamientos celestes, Signos

Reflexiones sobre la suficiencia

 

Una introducción a la interpretación astrológica

Escribí este pequeño manifiesto sobre la suficiencia a propósito de la segunda Luna llena de Capricornio del 2024. Cuando las practicantes de astrología entablamos un diálogo con los ciclos planetarios y damos voz a los climas astrológicos que vamos atravesando, ponemos en palabras no solo lo contextual y específico de cada momento sino, también, lo atemporal, lo que pertenece al reino del arquetipo. Por eso, este texto puede ser útil para quienes andan detrás del misterio de Capricornio y, en especial, de una de los muchos rostros de la Luna en este signo de tierra madurada.

La autosuficiencia de Capricornio

El peligro de la autosuficiencia es ancho y terrible, además de perfectamente productivo para sistemas de sobrevivencia basados en el miedo y en la herida del desamor. A tal peligro llegamos apostando por alcanzar seguridad a toda costa, por agarrarlo todo bien, y por tener cuanto sea preciso para sentirnos tranquil*s. A veces, vendiéndonos por el camino, lastimándonos y obviando nuestros límites (y los ajenos).
Sin darnos cuenta nos perdemos entonces de lo que nuestra naturaleza gregaria más precisa: el apoyo mutuo. En la ilusión de la autosuficiencia, nos abismamos a la solitud. Nos condenamos al desierto de los afectos. Dejamos de sincerarnos y de nombrar lo que nos atraviesa. Caemos en las fauces de la cortesía, la precariedad y el disimulo. Rienda suelta a la espantosa fiesta de las apariencias.

¿Qué viene señalando el Nodo Sur desde que ingresó en Libra sino la podredumbre de nuestro silenciamiento?

 

Realidad de coexistencias

Callar la vulnerabilidad, es decir, la orgánica e inevitable posibilidad de ser golpead*s por la existencia, no solo nos condena a negar nuestras necesidades reales, sino que nos niega el apoyo de quienes nos rodean, ¡incluso de quienes nos aman!
Y al negarnos a recibir apoyo, negamos darlo sinceramente. Interrumpimos la danza del amor, la belleza de cuidar y ser cuidad*s.

Olvidamos que la suficiencia nace de la viva vincularidad. Es una posibilidad siempre ecosistémica. Una realidad de coexistencias.

En el abismo de la autosuficiencia, aislad*s, perdemos toda referencia y acabamos olvidando que pedir es tan natural como dar y que necesitar lo es tanto como compartir nuestras bondades.

A veces me cazo usando palabras precisas para evitar automáticamente ciertas impresiones en quienes me rodean. Cazo entonces lo que está detrás de mi falta de transparencia o de mi inconsciente precaución: el miedo. Da igual a qué, pero el miedo.

Por supuesto, esta estrategia mía tiene razón de ser, pues el costo de la transparencia es alto, como lo es confiar en la palabra propia y en la de quienes nos rodean como forma válida (y valiosa) de llegar a acuerdos. Es alto también el coste de darnos el permiso una y mil veces de nombrar lo que necesitamos y de hacerlo naturalmente, sin atisbo de exigencia y, también, sin atisbo de demanda.
Cuesta reconocer que callamos muchas veces hasta que es tal la sed de afecto que nuestra necesidad se vuelve ira, manipulación soterrada de víctima o soberbia.

 

La redención

Pero nunca es tarde para volver a desnudarnos de tanto daño que nos hace interrumpir la danza de los afectos – la danza fraterna -. Nunca es tarde para volver a sentir la suavidad del adentro entregada a las afiladas cuchillas del destino y, entonces, recordar que somos humanidad y parte de una trama infinita de seres de toda índole y de no-seres aliados.

Creo que a la cima de la montaña de Capricornio no subimos a endurecernos, sino a recordar dónde se hunden nuestras raíces. La cumbre es un santuario al Agua.

Allá arriba, en la ulterior desolación escuchamos la resonancia de lo que nos dio origen, imaginamos cuantos eslabones nos precedieron, nos sentimos relicari*s del amor que concibió nuestro presente y respondemos como una buena madre y un buen padre al frágil fruto de lo que buenamente somos, tal como somos.

Ha llegado la hora de que volvamos a orar y de que nos volquemos en rescatar la olvidada tecnología del pedir como un instrumento de paz y alimento para la danza de los afectos. Y repito: un pedir orgánico, vacío de demanda y hambres atrasadas. Humilde, pronunciado con la misma blandura que la entraña que lo fraguó.
Y ojalá seamos much*s quienes, ante la sinceridad de quien se reconoce parte de una trama que lo posibilita, respondamos con el mismo amor con el que quisiéramos ser recibid*s. Y aunque no recibiésemos amor, por lo menos estaremos predicando nuestra naturaleza y honrándola con la práctica de la transparencia.

Esto soy. Esto necesito. Tu abrazo me da aliento. Tu escucha me libera. Tu mirada me es tan necesaria como el alimento.

Jamás entenderé que l*s adult*s puedan pensar que un niño pequeñito inventa sus necesidades. Creo que es una gran prueba de que estamos cayendo amargamente al abismo de la autosuficiencia. Una caída que siempre podemos salvar con amor y con un valiente y humilde ejercicio de transparencia.

Así sea.

 

*Imagen: Eberhard Grossgasteiger