El ciclo de Venus
Dentro de mis líneas de investigación, el ciclo de Venus se ha llevado una grandísima parte de mi atención en los últimos años. En este artículo ofrezco un primer abordaje sobre el ciclo de Venus en Aries que inicia en marzo de 2025 y se extenderá hasta octubre del 2026. Encontrarás fechas, interpretación arquetípica, vivencia personal y preguntas útiles. También la razón por la que caminar de la mano de Venus en este momento es, sin duda, una gran baza para nuestra apertura y adaptación a la astrología de los años venideros.
Acompañar un ciclo planetario es como animarse a cultivar una relación en el tiempo con una fuerza colosal, inconquistable, que, a medida que la escuchamos y atendemos, nos va revelando capas y más capas de la función que está destinada a cumplir. Cada planeta es significador de una fuerza específica y, por lo tanto también, de una función distintiva. Tales funciones operan a muchos niveles.
Por ejemplo: la función materna, que asociamos a la Luna, opera en nuestro psiquismo generando imágenes de lo que significa cuidar o ser cuidad*, desplegando habilidades relativas al cuidado y articulando roles que jugamos en nuestras relaciones. En el nivel somático, la función materna prepara a los cuerpos con matriz para gestar y nutrir y a los cuerpos sin matriz para experimentar ternura, profundo afecto, ofrecer calor, contacto, contención.
Venus es significadora de lo abierto. Su función opera volviéndonos más receptiv*s y disponibles, inclusive hacia lo que no conocemos. Si la Luna es esa parte interna que nos provee de contención, Venus desdibuja las fronteras y nos invita a permanecer en presente, en contacto, con el sentir como brújula. Su luz amorosa refleja al Sol, a la Esencia, mostrándonos el camino de apertura a eso que somos esencialmente y aún desconocemos. Eso que el destino, a pesar de nuestras más férreas resistencias, nos va mostrando que también somos a través de encuentros, accidentes, regalos, oportunidades y desafíos, de lo que nos gusta y de lo que nos incomoda.
Venus representa la posibilidad de permanecer abiert*s ante lo que consideramos diferente que es, en algún plano de lo real, un aspecto del Misterio al que todo pertenece.
Más sencillamente, también simboliza lo que nos abre, es decir, lo que nos conecta con el placer, la relajación y el gozo. Lo que nos gusta. Lo que valoramos. El valor. El intercambio. El dinero, por supuesto. La ética y la estética de acuerdo a las que custodiamos la armonía y la justa proporción en nuestras vidas. El Amor detrás de todas nuestras creaciones. La matemática y los órdenes que las sustentan y posibilitan. La posibilidad de inclinarnos ante lo oscuro de nosotr*s mism*s por voluntad propia, sin resistencia, para familiarizarnos con ello y, ojalá, integrarlo. La conciliación profunda con lo otro y, por lo tanto, la mismísima trama vincular. La experiencia sentida de que somos relación. De ahí que asociemos a Venus con el Agua, elemento que todo lo interconecta y posibilita, que se infiltra, vehicula información y se transforma continuamente.
Podrán imaginar la inenarrable transformación que supone guiar nuestra atención hacia este principio femenino, custodio del Agua de la Vida, durante nada más y nada menos que 19 meses.
Astronomía y retrogradación de Venus
Pues bien, en este momento nos encontramos llegando al mes número 19. Estamos transicionando de un ciclo a otro. Y el evento particular que hace de puente entre ambos es la retrogradación de Venus, que sucede cuando el planeta se encuentra en su máxima cercanía a la Tierra y justo después de haber alcanzado su máxima altura y su máximo brillo como Estrella Vespertina al oeste, a la caída del Sol. Los días antes de la retrogradación, Venus cae en picado desde el lugar que le llevó largos meses coronar en lo alto del cielo del oeste y, durante la retrogradación, se funde en los brazos del Sol, así que permanece oculta por 8 días. Luego, reaparece como Estrella Matutina, al este al amanecer.
Este pasaje de Estrella de la Noche a Lucero del Alba es lo que marca el comienzo de un nuevo ciclo de 19 meses. Una nueva escuela, un nuevo viaje, ¡un calendario!, una oportunidad para caminar de la mano del principio femenino solar (el femenino que nos muestra el camino al Sol).
Nos encontramos cerrando el ciclo de Venus en Leo, signo de fuego, para abrir un ciclo en Aries, también fuego. El elemento fuego dinamiza, alquimiza, saca a la superficie, expone, arde, calienta, separa y aviva la llama de la alegría de vivir.
El ciclo de Venus se divide en dos fases. En la primera, que llamamos «descenso», nos vaciamos de capas y capas de colonización que restringen, en estos ciclos en particular, nuestra vivencia del Buen Fuego. En la segunda fase, habiéndonos desnudado hasta el tuétano y rendido ante el imperio de lo subterráneo, «ascendemos», descubriendo los valiosos noes que protegen el Fuego rescatado y practicando cómo es eso de imprimir en nuestros contextos la sabiduría cosechada en el seno de lo más oscuro, crudo e inconquistable de nosotr*s mism*s.
En realidad, durante el ascenso practicamos el arte de resonar de acuerdo a las virtudes que se nos revelaron allá donde nadie mira, profundo, profundo. Es decir, aprendemos a anclarnos en las virtudes del alma, a cultivar el Amor que somos, a revelar tanto que ya vive dentro de nosotr*s y que no necesita más de nuestra búsqueda porque ya ha sido encontrado. De ahí que Venus sea el principio magnético: ella crea a partir de lo que ya está vivo en su interior, fuente creativa por antonomasia, y nos recuerda que todas nuestras creaciones nacen del misterio fértil que vive en nuestro interior, esperando a que se le de cauce y expresión.
El camino de Venus pone en jaque el paradigma del logro, del siempre más y hacia fuera. El paradigma de la absorción infinita y el consumismo ilimitado, porque nos recuerda que la fuente, la guía y el camino de retorno es cíclico y hacia el Gran Adentro.
La sombra retrógrada: tiempo, metabolización y ciclos
Antes de que este proceso se inicie, nos familiarizamos con él. De alguna manera, durante las semanas previas a la retrogradación de Venus y su cambio de ciclo, se plantea el tablero de lo que jugaremos después durante tantísimos meses. Llamamos a este periodo de familiarización «sombra pre-retrógrada» y este año se extiende desde el 28 de enero hasta el 2 de marzo, día en que Venus estaciona para iniciar su retrogradación. Luego, tendremos una sombra «post-retrógrada» que tomará otros 21 días desde el 13 de abril hasta el 16 de mayo, y que será un pasaje fantástico para integrar lo que se haya movido y transformado en relación a temáticas venusinas. Pero ya llegaremos allí. Por ahora, nuestro foco está en «familiarizarnos».
En mi práctica, tanto en lo profesional como en lo personal, es muy importante tomar el tiempo para llegar, el tiempo de vivir la experiencia y el tiempo de integrar y metabolizar. Por eso, acostumbro a decir que propongo una práctica astrológica de carácter metabólico. Es una de las vías que he encontrado para realzar públicamente nuestra naturaleza procesual y la rotunda importancia de rescatar, a través de nuestras prácticas y servicios, una vivencia orgánica del tiempo. De NUESTRO tiempo.
Y es que, en general, el pre- y el post- son tránsitos escindidos en el paradigma civilizatorio, que es lo mismo que decir que hemos olvidado que somos seres eminentemente procesuales y que nuestra naturaleza tiene más que ver con ir llegando, ir sintiendo, ir sabiendo e ir marchando, que con absorber y absorber y absorber sin digerir. Fagocitar, ingerir, tomar sin permiso, desear sin raíz en la realidad del territorio, querer para ya. ¿Les suena este programa de inmediatez?
Pues bien, Venus en Aries también nos invita a interpelar nuestra prisa. Esa instalada sensación de urgencia, de acción crónica, de impulsividad y de impaciencia. Llegada a este punto, podría levantar algunas preguntas que te inviten a cuestionar las temáticas candentes, venusinas, que están volviéndose protagonistas en tu vida en este momento y que habrás de caminar (descolonización, reparación y fortalecimiento mediante) hasta octubre del 2026; pero lo que voy a hacer hoy es compartirte qué vengo metabolizando yo.
El confuso conflicto de la separación
En estas últimas semanas ha tomado para mí mucha relevancia la relación entre el límite y la ira o la intensidad emocional en el marco de los conflictos vinculares. Más bien, entre mi falta de habilidad para sentir, elegir y accionar asertivamente en coherencia con mi deseo y las consecuencias de que esta secuencia básica no esté, digamos, «aceitada». Primero, me he dado cuenta de que, en muchas ocasiones, no soy hábil en el registro de lo que está pasando y en preguntarme qué deseo al respecto de la situación que sea porque quedo pegada a mi idea de lo que podría haber sido o tendría que haber sido tal situación.
Por ejemplo, ante la ruptura de un acuerdo, quedo sin darme cuenta secuestrada por la idea de cómo «debería» haberse cuidado tal acuerdo, en vez de registrar que el acuerdo ha sido roto y que, por lo tanto, se presenta un nuevo campo de elecciones en el que solo yo puedo sentir, ponderar y elegir dónde y cómo posicionarme. Cuando demoro en posicionarme hasta el punto, incluso, de no llegar a hacerlo, lo que está ocurriendo es que mis ideas y programaciones mentales obstaculizan mi agencia. No elegir se transforma en una elección, un posicionamiento y, desafortunadamente, un rol.
Este es un rol peligroso que tod*s conocemos muy bien: la víctima. En tanto no elijo, quedo a merced, a la espera de las elecciones de quienes están del otro lado. Un «otro lado» que puede ser jugado por una persona pero, también, por una institución o por el mismísimo estado. La peligrosidad de ese rol radica en que, cuando nos fijamos en él, cedemos nuestro poder. La ira o incomodidad que tratan de informarnos de la necesidad de dar cauce a movimientos y acuerdos nuevos, necesarios, se estancan y nos envenenan. Aparece la exigencia, la manipulación, el resentimiento, el desencanto, el sufrimiento psíquico, el estancamiento…
En vez de dialogar con lo que nos pasa con agencia, reaccionamos anulándolos y vetando cualquier posibilidad de cambio y transformación evolutiva. Y, atención, hay muchas formas de elegir cuando se presenta una situación en la que amerita retornar a nuestra vivencia individual. Elegir no significa resolver o dar con una solución inmediata. La retirada, el tomar el tiempo, el reconocerse no preparad* aún, el comunicar la necesidad de una pausa reflexiva… Esas son también elecciones hábiles, asertivas, o sea, congruentes con nuestro sentir a tiempo real.
Para mí, la gran clave de todo esto es saber reconocer cuándo el retorno a lo propio/personal/individual es puente necesario para que el proceso vincular «se actualice» y pueda seguir prosperando, a pesar del conflicto, la incomodidad y, a veces, el desgarro. En este sentido, lo individual no se vuelve un refugio regresivo. «No me aíslo en busca de seguridad. ¡Creo espacio! Me separo para tomar un registro más cercano de lo que soy y para poder reubicarme en torno a lo que comparto».
Siento que es fundamental que recordemos que nacimos del cuerpo de nuestra madre. Nuestro origen enraíza en un proceso metamórfico por el que un cuerpo devino dos. Esto nos recuerda que nuestro origen no es solitario y sí profundo e insondable proceso. Entonces, atravesadas – no sin su correspondiente cuota de dolor – las heridas que vuelven a supurar cuando PARECE agrietarse y hasta romperse la relación, descubrimos en la separación, en el espacio y en el tiempo una sagrada combinación. Muy buena medicina.
Volviendo al inicio: cuando la separación es sinónimo de ruptura de la relación, el terror nos colapsa. Hay estrategias regresivas (mecanismos de defensa, que en astrología asociamos a lo lunar) muy curiosos que consisten en separarse antes de tiempo para evitar la «separación real». Es decir, hay quienes no acaban de comprometerse nunca para evitar la fatal separación. Hay quienes no eligen para evitar posicionarse y, entonces, separarse de manera efectiva. ¿Por qué? Porque confundimos separación con ruptura del vínculo. Y, en nuestras más tiernas infancias, la ruptura del vínculo era igual a la muerte.
El valor de la diferencia
Ahora introduzcamos una palabra que tal vez nos apoye: la diferencia. ¿Qué tal si al retornar a lo propio para ampliar nuestro registro en vez de separarnos del proceso vincular estuviésemos nutriendo nuestra diferencia? Solo desde la diferencia podemos encontrarnos. Solo cuando hay espacio entre dos, es decir, cuando dos son dos y no uno, esos tales dos pueden encontrarse. La diversidad se nutre de la diferencia y articula sistemas, tejidos, organismos, familias, sociedades, ecosistemas, biosfera, universo.
Lo que he descubierto en estos días en propias carnes es el atroz miedo que hay que procesar para volverse hábil en el arte de la diferenciación. En todas las capas de nuestro ser en colectivo diferenciarse conlleva cierta cuota de peligro, a veces de muerte. Nuestras sociedades se han configurado a través de la condena del enemigo, es decir, del otro, del diferente, del extranjero.
Nuestra civilización se engrandece a través de la aniquilación de lo distinto como una gran madre devoradora que todo pretende engullirlo y que no permite que sus hijos, a su tiempo, tomen su lugar. Esta es una tendencia social deplorable en tanto nos infantiliza y consolida un status quo basado en la homogeneización y la violencia contra la Otredad.
¿Te resuena? ¿Hay algo de esto en tus vivencias de estos días? ¿En qué áreas de tu vida te reconoces pegad*? ¿Dónde tu no-elección deviene una forma de elección que proyecta tu poder afuera? ¿Dónde te separas antes de tiempo para evitar afrontar el verdadero arte de la sana diferenciación? ¿Dónde te fusionas para evitar, de nuevo, el noble arte de la sana diferenciación? ¿Muestras tus colmillos cuando corresponde? ¿Qué función tiene la ferocidad para ti? ¿Tu ira, de qué te informa? ¿Cómo la encauzas? ¿La vomitas? ¿Te la tragas hasta envenenarte?
El ciclo de Venus en Aries
De alguna manera, mi lectura es que el nuevo ciclo de Venus en Aries sabrá guiarnos en un corte sagrado del cordón umbilical. A través de una paulatina y progresiva digestión de nuestro miedo a la exclusión, al exilio y, en última instancia, a la muerte y la disolución, nos mostrará la diferenciación como una vía de seguridad y sabia actualización de nuestro posicionamiento en los vínculos y dinámicas colectivas de las que participamos, inclusive a nivel de lo no humano.
La verdad es que la diferenciación se vuelve un proceso seguro cuando nos sabemos en indestructible e invulnerable pertenencia. Es decir, cuando reconocemos que la pertenencia es nuestra condición natural y no un logro transitorio. Cuando descubrimos que «somos desde la pertenencia» y no hemos de ser de tal o cual manera para pertenecer.
Aries es el primer signo de la Rueda del Zodiaco y está regido por el planeta Marte, el principio masculino solar, opuesto complementario de Venus. El primer signo es el fuego del nacimiento. El gesto vital que vuelve dos el cuerpo de nuestra madre. Nos separa. Nos distingue. Aries también se asocia a la eclosión de la semilla, al primer pulso que vuelve posible el despliegue de una diferencia surgida de las entrañas de lo indiferenciado, de lo absoluto, de la Gran Madre Total.
Así que siento que Venus nos va a mostrar el camino del Buen Nacer, la estrategia de la retirada, la medicina de la ira, el reconocimiento de qué nos vitaliza y qué, al volvernos dependientes, nos apaga. Entonces, la Venus Aries nos guiará también por la escuela del liderazgo y la sana conquista. Por la senda de l*s agentes de cambio que se diferencian de las corrientes del pensamiento dominante y homegeneizante para discernir y elegir de acuerdo a la luz de su deseo.
Un deseo evolutivo, cíclicamente renovado a través del retorno a nuestro sentir más íntimo e innegociable, para siempre al servicio de la Vida.
Ahora bien, este 2025 seguir la andadura de Venus puede resultar muy revelador porque, de alguna manera, Ella nos informa de movimientos mucho más amplios que habremos de tener en cuenta en los meses y años venideros. Es como si su ciclo funcionase, en esta ocasión, como hormiga exploradora o, mejor aún, como un sabio oráculo.
El 30 de marzo de este año Neptuno hace el mismo pasaje que Venus: pasa del último al primer signo del zodiaco, de Piscis a Aries. El 25 de mayo, será Saturno el que haga este movimiento. Ambos volverán retrógrados a Piscis una vez más para, a final de este año y comienzo del siguiente, instalarse definitivamente en Aries. Neptuno hasta mayo del 2038. Saturno hasta abril del 2028.
Saturno y Neptuno son planetas que representan funciones arraigadas en el clima y la dinámica colectiva. Más adelante elaboraré sobre su tránsito por Aries, pero por ahora considero fundamental que sea la Diosa, Venus en su danza astronómica, la que nos susurre cuál es la escuela que cada un* ha sido llamad* a caminar por los próximos años y que, sin lugar a dudas, nos llama a ejercer de la manera más fresca y comprometida posible nuestro liderazgo y a llevar el fuego del respeto y el cuidado de la diferencia allá donde se necesite.
Abre tu oído. Déjate informar. El corazón de la Diosa es generoso y su oráculo, una sincera guía. ¿Desde dónde, cómo y para qué estás siendo llamad* a diferenciarte y liderar?
Acompañamiento al ciclo Venus*Aries
Desde Astros en movimiento estoy cocinando, a fuego lento, una propuesta grupal para caminar, una vez más, de la mano de Venus. Mientras tanto, hasta final de febrero continúo agendando sesiones de «Renacimiento», el acompañamiento individual al ciclo. A través de la newsletter iré compartiendo todos los detalles.





